la metodología
ayer se me reveló una vía de averiguación, una encuesta que, aparentemente, es infalible y rebasa los límites generacionales. más allá del origen de mi curiosidad, los resultados son perturbadores. la pregunta es el epígrafe lowriano de la obra en cuestión:
¿QUIERE QUE CRISTO SEA NUESTRO REY?
a. dijo ’sí, siempre lo quise’.
v. dijo ‘ay hijo, ahora qué tomaste?’
i. dijo ‘no lo necesitamos. tenemos a gabotrón’
c. dijo ‘nop’.
a. dijo ‘pues sí, no?’
g. dijo ‘no mames ke enamoras!’
e. dijo ‘cuál cristo? cuál rey? yo rezo pero no tanto’
m. preguntó ‘y eso qué quiere decir’. condescendientemente (sólo lo fui con ella) respondí. le arranqué esta suyísima respuesta: ‘bueno, yo digo que de salvación, nada’.
r. dijo ‘nomás k dejes de beber. beso’.
j. dijo ‘ja! eso qué! por cierto, cuánto es lo mínimo que cobrarías por la foto?’
s., siempre conversadora, sorprendió ’seguro. tú?’
t. del n.j. dijo ‘qué traes?’
g. preguntó ‘kien erz??’
v. dijo ‘ciao! q milagro! perdón?’
vl., naturalmente, quiso decir ‘no’, pero su crédito se había agotado.
la desoladora suma:
